Por encargo del Ministerio de Trabajo y Promoción del Empleo (MTPE), la OIM y OIT auspiciaron la elaboración del informe Impacto de la migración venezolana en el mercado laboral de tres ciudades: Lima, Arequipa y Piura, a cargo del Programa Laboral de Desarrollo (PLADES) y la Universidad Antonio Ruiz de Montoya (UARM).

A partir de la aplicación de 1,600 encuestas, 8 focos group y más de 40 personas entrevistadas en las tres ciudades que albergan a la mayoría de inmigrantes venezolanos en Perú, este estudio presenta un conjunto de hallazgos que van más allá de las aproximaciones “estándar” con que se aborda esta problemática en los medios de comunicación masiva.

En términos generales, el informe de PLADES y UARM constata lo que es “una característica visible del proceso de inserción laboral” de los migrantes venezolanos: la extendida condición de precariedad e informalidad laboral en la que se encuentra el 92,1% de los venezolanos encuestados.

Esta precariedad laboral se expresa especialmente en la duración de las jornadas y el nivel de los ingresos. Casi la mitad (49%) de los inmigrantes venezolanos se gestiona montos que van desde el salario mínimo (S/. 930) a los S/ 1,500 (el promedio de ingresos en la población venezolana es S/. 1,025.64 o US$ 310 mensuales). Un porcentaje apenas menor (46%) declaró tener ingresos por debajo del mínimo; y de este grupo, 27.13% dijo trabajar más de 60 horas semanales.

encargo del Ministerio de Trabajo y Promoción del Empleo (MTPE), la OIM y OIT auspiciaron la elaboración del informe Impacto de la migración venezolana en el mercado laboral de tres ciudades: Lima, Arequipa y Piura, a cargo del Programa Laboral de Desarrollo (PLADES) y la Universidad Antonio Ruiz de Montoya (UARM).

A partir de la aplicación de 1,600 encuestas, 8 focos group y más de 40 personas entrevistadas en las tres ciudades que albergan a la mayoría de inmigrantes venezolanos en Perú, este estudio presenta un conjunto de hallazgos que van más allá de las aproximaciones “estándar” con que se aborda esta problemática en los medios de comunicación masiva.

En términos generales, el informe de PLADES y UARM constata lo que es “una característica visible del proceso de inserción laboral” de los migrantes venezolanos: la extendida condición de precariedad e informalidad laboral en la que se encuentra el 92,1% de los venezolanos encuestados.

Esta precariedad laboral se expresa especialmente en la duración de las jornadas y el nivel de los ingresos. Casi la mitad (49%) de los inmigrantes venezolanos se gestiona montos que van desde el salario mínimo (S/. 930) a los S/ 1,500 (el promedio de ingresos en la población venezolana es S/. 1,025.64 o US$ 310 mensuales). Un porcentaje apenas menor (46%) declaró tener ingresos por debajo del mínimo; y de este grupo, 27.13% dijo trabajar más de 60 horas semanales.

  • Por el lado de la demanda, es decir, desde la perspectiva de los empleadores y empresarios peruanos, fue evidente que la repentina “preferencia” por contratar trabajadores venezolanos estuvo relacionada con la posibilidad de reducir sus “costos” laborales, aprovechándose de la necesidad del inmigrante indocumentado y requerido de ingresos. Todo lo cual dio lugar a una abundante cantidad de denuncias de abuso laboral por parte de empleadores locales. La lista es larga: remuneraciones impagas, descuentos injustificados, jornadas extendidas, estafas, retenciones de salarios y de documentos, etc. En un contexto de exceso de fuerza de trabajo y escasa capacidad de negociación de los trabajadores inmigrantes, el déficit de fiscalización laboral opera como un incentivo para que empleadores informales operen con total discrecionalidad e impunidad.
  • Un dato no menor: una tendencia a la subutilización de las competencias laborales de los trabajadores venezolanos. De un tiempo a la fecha escuchamos de testimonios de inmigrantes venezolanos que relatan ser profesionales o técnicos en medicina, electrónica o docencia, haber trabajado en sus ciudades de origen como médicos o ingenieros, y que ahora se ven urgidos de hacerlo como taxistas, vendedores ambulantes, brindando servicios en comercios y restaurantes. Bajo condiciones paupérrimas. En términos de proyectos de vida, un drama personal. En este contexto confluyen dos factores: por un lado, las múltiples dificultades que tienen para acreditar sus competencias técnico-profesionales y experiencia laboral, al no contar con la documentación requerida. Por otro lado, la falta de oportunidades de empleo calificado en un contexto local de menor crecimiento económico y estancamiento/caída de la demanda externa e interna.
  • Como corolario, a los obstáculos propios de un contexto económico deprimido, se suma la situación de mayor vulnerabilidad, discriminación y acoso que enfrentan las mujeres venezolanas en su búsqueda de empleo.La investigación de PLADES y UARM constató el mayor porcentaje de inmigrantes venezolanas ganando por debajo del salario mínimo, mientras que la mayoría de los hombres recibe entre S/ 931 y S/ 1,500. Asimismo, el 4,3% de hombres gana por encima de S/ 1,501, en contraste con el 0,82% de mujeres que se encuentran en ese rango salarial.

Descargue el Informe “Impacto de la migración venezolana en el mercado laboral de tres ciudades: Lima, Arequipa y Piura

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